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Invertir en Salud Digital: Cerrando brechas ante las pandemias

Semanas atrás, el Gobierno de la CDMX declaró regresar a semáforo amarillo posterior a estar en verde. Estamos frente a la tercera ola de la curva epidémica de esta enfermedad y lo peor está por venir. No sólo tenemos que lidiar con los problemas actuales como: saturación de los servicios de salud, falta de equipos de protección personal, incertidumbre sobre el tratamiento o la vacuna, entre otros. También, nos enfrentamos a los problemas no resueltos acumulados a través de los años del sistema de salud. Retos donde la tarea no acaba cuando disminuyan los casos de personas con COVID-19, ya que, falta sumar a todos los pacientes con enfermedades crónicas (diabetes e hipertensión, principalmente) que quedaron en segundo plano, los cuáles, son y serán un gasto importante dentro del sector salud y se reflejará en la economía del país (Figura 1).


Figura 1. Oleadas previsibles. Atribuida a @VectorSting y adaptada por Escarlata Almenar. “La salida: Mejorar la capacidad de respuesta sanitaria (y social)” del Blog Economía y Salud por la Asociación de Economía de la Salud de España.


No es la primera pandemia a la que nos enfrentamos como pueblo. Basta recordar para 1576 la población indígena ya había sido azotada por la viruela, el sarampión y el tifo hasta una de las más recientes (2009): influenza. El diferencial no es el tiempo, al contrario, pasaron muchos años y parece que no hemos aprendido la lección. El diferencial es que, en México, no hemos explotado una herramienta valiosa que nos permitió avanzar a lo largo de la historia: la tecnología. Esta tecnología se llama salud digital y es un recurso potencial que aún no hemos agotado.

El principal motivo: los profesionales de la salud y líderes no adoptan la salud digital en nuestro país por la creencia de no estar preparados para esta Salud 4.0 y pensar que estamos lejos de ello sin saber que hay clústers en salud innovando. Darle mayor peso a la duda en la balanza en lugar de pensar en los beneficios, traerá consecuencias negativas en el sector salud, como lo estamos viviendo ante COVID-19.

Hemos avanzado poco en materia, donde el tercer nivel de atención es el privilegiado, pero primer y segundo nivel (los que más pacientes reciben) son los menos favorecidos. No hemos usado la innovación y tecnología en salud a nuestro favor como experiencias de otros países. La salud digital conforme a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la definimos como el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) para mejorar la salud. Es un concepto que engloba un sin fin de posibilidades: expediente clínico electrónico, telemedicina, teléfonos móviles y aplicaciones, dispositivos portátiles, robótica, realidad virtual, inteligencia artificial, entre otras (Ver Figura 2). Pero en estos momentos de pandemia, el uso más importante: evitar que más pacientes y personal de la salud se sigan contagiando y falleciendo.


Figura 2. Expediente clínico electrónico, telemedicina, teléfonos móviles y aplicaciones, dispositivos portátiles, robótica, realidad virtual, inteligencia artificial, entre otros, son las áreas que abarca la salud digital.


Hasta el día 16 de julio de 2021, en México se han confirmado 2.63 millones casos y más de 236,000 defunciones por COVID-19 (1). En Enero de 2021, la Secretaría de Salud de informó que suman 195,558 profesionales de la salud contagiados por COVID19 y 2,580 fallecimientos (2). Las muertes por coronavirus en México ya superaron las de China. Sin duda, el número de casos pudieron disminuirse haciendo uso de las tecnologías mencionadas, más en el segundo nivel de atención donde la población demanda más.

Algo es cierto, no podemos dar pasos firmes sin una política pública sólida que conecte a la salud digital con el paciente y profesionales de la salud con Gobierno y sector privado.

La crisis del coronavirus ha provocado costos humanos y económicos muy importantes en todo el mundo. Los países se han visto obligados a recurrir a medidas extremas, entre ellas cuarentenas, confinamiento y cierres generalizados de empresas, para frenar su propagación, tratar de evitar que los hospitales se vean desbordados y salvar vidas. En la primera mitad de 2020 se producirá una fuerte disminución del PIB en todo el mundo (3). Incluso, es posible que se requiera de un distanciamiento físico hasta en 2022 a menos que la capacidad de atención se incremente sustancialmente o se disponga de un tratamiento estandarizado o vacuna (4).

La experiencia de Wuhan ilustra que medidas contundentes pueden cambiar la trayectoria en los grandes centros urbanos. Otros países, como Corea del Sur y Singapur parecen haber tenido cierto éxito con medidas menos intrusivas a nivel nacional, como pruebas a mayor escala, localización de contactos y políticas de cuarentena. Cada día que no se tomen medidas, los eventuales costos económicos y humanos aumentarán, se incrementará la probabilidad de que los sistemas de salud se vean rebasados y habrá un mayor número de muertes a medida que el virus se propague. Los países tendrán que invertir en salud para garantizar que los hospitales se vean menos desbordados, asegurándose de que haya suficientes trabajadores sanitarios con el equipo adecuado. Es probable que ese gasto tenga que financiarse mediante una mayor eficiencia (renunciando a otros gastos) (3). Muchos países, entre ellos México, enfrentamos problemas arraigados de acceso y calidad inadecuadas e inconsistentes a la atención médica, derivadas de mecanismos de financiamiento débiles y escasez de trabajadores de la salud bien capacitados. Se ha estimado que la mala calidad de la atención médica genera hasta 8.4 millones de muertes por año y hasta $ 1.6 billones en pérdida de productividad (5).


Las grandes metrópolis son más resistentes que nunca. Esto se debe a la mayor adopción de la salud digital en todo el mundo. Mientras que en el contexto oriental, los gobiernos adoptaron tecnologías de “arriba hacia abajo” para disciplinar y censurar a sus ciudadanos, En el contexto occidental, se utilizaron tecnologías para informar, persuadir y lograr el consenso entre los ciudadanos para ayudar a limitar la transmisión del virus (6). En ambos contextos, los resultados destacan que los humanos median con las tecnologías y limitan sus impactos. Sin embargo, existe una preocupación general de que los gobiernos puedan aprovechar el Covid-19 para reforzar la visión tecnológica de los ciudadanos más allá del control de la pandemia (6).

Siempre hay un costo de oportunidad para las decisiones relacionadas con la salud. ¿Cerramos gran parte de la economía para evitar o al menos retrasar la mortalidad masiva? ¿Cuánto es demasiado? A diferencia de los proveedores de atención médica, los economistas y la comunidad empresarial están acostumbrados a sopesar los costos y beneficios económicos. Las crisis económicas son siempre una oportunidad para la regeneración. Un mayor empleo remoto, más educación en línea y avances en inteligencia artificial llegaron para quedarse. La telemedicina se está catalizando con un rápido cambio a las visitas de atención médica en línea. La gran inyección de fondos para impulsar la salud y la capacidad de salud pública como parte del estímulo fiscal será de gran beneficio para el sector de la salud rural y las comunidades cercanas (7).

Hablar cuándo y cómo se hará la recuperación económica tras la pandemia COVID- 19 es una pregunta que preocupa y ocupa a todos los sectores. La consultora Deloitte desarrolla un gráfico consistente donde planea tres fases donde indica que la recuperación comenzará hasta Diciembre de este año (Ver Figura 3). Con el temor de una nueva recesión y un colapso financiero, tiempos como estos requieren un liderazgo fuerte y resistente en la salud, los negocios, el gobierno y la sociedad en general. Las medidas de ayuda inmediata, como la salud digital, deben implementarse y ajustarse para no pasar desapercibidas. Se necesita una planificación a mediano y largo plazo para ver cómo la economía se reequilibra y se revitaliza después de esta crisis (8).

Las estimaciones indican que COVID-19 podría costarle al mundo más de $ 10 billones: protecciones financieras inadecuadas para la población más vulnerable. En epidemias recientes (MERS), los médicos fueron vectores de transmisión de enfermedades debido a pruebas inadecuadas y falta de equipos de protección personal. Con una escasez mundial proyectada de 15 millones de trabajadores de la salud para 2030, los gobiernos han dejado al personal esencial expuesto en este momento de necesidad (9).



Figura 3. Recuperación por sectores ante COVID-19. Del informe “Impacto y escenarios de recuperación en consumo y distribución” por la consultora Deloitte.


La creación, evaluación, distribución y uso de las tecnologías médicas nuevas involucran a todos los niveles del sector salud, desde los trabajados de investigación científica en laboratorios hasta los cuidados de los profesionales de la salud en hospitales (10). El comercio internacional es un punto clave para el acceso a las tecnologías médicas, y aunque algunos países aspiran a impulsar la producción local, ninguno puede aspirar a ser totalmente autosuficiente. Teniendo en cuenta que el acceso depende de la asequibilidad, las economías de escala en la industria y un mercado más competitivo generan oportunidades para mejorar los resultados sanitarios (10).

Sin duda, el valor social de las innovaciones médicas se debe medir en parte en función de su grado de disponibilidad efectiva y sostenible para las personas que la necesitan. No se puede conseguir que las nuevas tecnologías tengan una repercusión generalizada y equitativa en la salud si no se logra antes que existan medios de acceso adecuados a los productos terminados. Por tanto, en toda política general sobre salud digital se debe tener en cuenta también la dimensión del acceso para que no se limite a ser una teoría abstracta ni quede reservada a un grupo reducido de la sociedad (10). Para implementar la tecnología de manera sostenible y equitativa es crucial que se produzca un cambio de valores entre los dirigentes, las comunidades y los creadores de tecnología. Un ejemplo claro es el uso de intervenciones médicas de alta tecnología en lugar de medidas preventivas más sencillas (11).


Uno de los resultados más interesantes del informe de la salud digital en la región de las Américas en el año 2016 (OMS) es que el eLearning para la formación en salud de los profesionales actuales y futuros es utilizado en el 95% y en el 90% de los países encuestados respectivamente. El 90% dijo utilizar la telerradiología, el 74%, las redes sociales en salud; el 58%, la monitorización de pacientes a distancia, y el 58%, la salud móvil. El 84% de los países de la muestra señaló contar con estrategias de sistemas nacionales de información en salud (12).

El Dr. Tedros, director general de la OMS, mencionó a principios de la pandemia: debemos apoyar a los países con sistemas de salud más débiles. El director del departamento de salud e innovación digitales de la OMS (Bernardo Mariano), explicó: «las tecnologías digitales pueden ser decisivas para mejorar la salud de las personas en todo el mundo. Las soluciones digitales pueden ayudar a expandir la atención primaria, permitir que los trabajadores sanitarios hagan frente a enfermedades nuevas o que reaparecen, y ayudar a que las personas se beneficien. Lo que hoy en día llamamos 'salud digital', en el futuro será simplemente la forma en que se prestará la atención sanitaria en la era digital» (13).

En México, el Dr. Tapia Conyer, Director General de Fundación Carlos Slim, mencionó: “la salud digital está en el centro de la capacidad de sostenibilidad de los sistemas de salud.” Además debemos priorizarla dentro de la vigilancia epidemiológica: recolección, integración, análisis e interpretación, ejecución, diseminación y evaluación. En salud pública, cualquier logro que alcancemos es un logro grupal, hablamos en plural, nunca en singular, es la construcción de resultados a partir de suma de intelectos y voluntades (14). Mencionaremos algunas implementaciones de la salud digital en México y en el contexto internacional.

Telemedicina Usarla en el día a día de la práctica hospitalaria no sólo es de gran beneficio, sino que, en desastres y emergencias de salud potencia el acceso de atención a la salud. Si bien, un programa nacional de Telemedicina no se puede crear de la noche de la mañana, pero sin duda, desde la Secretaría de Salud, el Centro de Nacional de Excelencia Tecnológica en Salud (CENETEC) ha desempeñado un papel ejemplar para posicionar a México en la materia a nivel mundial. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha trabajado en conjunto con CENETEC y la empresa mexicana Lumed para implementar esta herramienta en la mayoría de hospitales del país.

Algunos hospitales nacionales que han aprovechado la pandemia para explotar al máximo la Telemedicina son, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, el Hospital General de México (15), incluso, el Hospital de San José de TecSalud en Monterrey implementó al robot A-NÍMO (16). Todas estas voluntades buscan tener contacto estrecho en tiempo real con pacientes hospitalizados para proteger tanto al paciente, al familiar y al personal de la salud. Incluso, esta práctica de la Telemedicina se viene formando desde la Universidad, un claro ejemplo es la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) donde, a través de su asignatura Informática Biomédica, se le permite al estudiante conocer esta tecnología y la pueda poner en práctica durante sus rotaciones clínicas (17). Aunque para hacer telemedicina, requerimos un mínimo de elementos que delimita muy bien CENETEC, pero en situaciones de crisis se pueden moldear a las necesidades de la situación.

A nivel mundial, más de 50 centros hospitalarios de Estados Unidos cuentan con dichos programas. Jefferson Health, Mount Sinai, Kaiser Permanente, Cleveland Clinic y Providence aprovechan la tecnología de telesalud para permitir a los médicos ver a los pacientes que están en casa. En atención ambulatoria, a los pacientes que dan positivo en la presentación se les puede administrar una tableta y aislar en una sala de examen. El Proyecto ETHAN de Houston ha utilizado la supervisión telemédica para aumentar la atención prestada en persona por los servicios de emergencias del 911, reduciendo la necesidad de transporte al servicio de urgencias. Jefferson Health, Cleveland Clinic y la Universidad de Pittsburgh brindan atención neurológica virtual de emergencia en un gran número de hospitales.El hospital Mount Sinai aprovecha especialistas en ocho hospitales y más de 300 sitios para proporcionar consultas virtuales de emergencia y distribuir el trabajo entre los proveedores de subespecialidades. Las prácticas en el consultorio también pueden emplear médicos en cuarentena para atender a los pacientes de forma remota. El desafío es que otros pro